A partir de un artículo publicado en Publimetro sobre reciclaje neuronal y aprendizaje, la directora del Saint John’s Villa Academy, Milena Schublin Bisquertt, fue invitada al programa Bienestar Clave para profundizar en los desafíos que enfrenta hoy la educación frente al avance de la tecnología y la inteligencia artificial.
¿Cómo aprende el cerebro? ¿Qué ocurre cuando dejamos de escribir, leer, equivocarnos o buscar una respuesta por nosotros mismos? ¿Qué lugar deben ocupar la tecnología y la inteligencia artificial en la sala de clases?
Estas son algunas de las preguntas que están marcando la conversación educativa actual y que fueron abordadas recientemente por la directora del Saint John’s Villa Academy, Milena Schublin Bisquertt, en dos espacios de comunicación.
El tema surgió a partir del artículo “Hackeando el cerebro humano: Qué es el reciclaje neuronal y cómo la neurociencia está transformando la lectura en los niños”, publicado por Publimetro, donde nuestra directora fue consultada sobre la importancia de comprender cómo funciona el cerebro para generar experiencias de aprendizaje más significativas. (ver nota aquí)
Aprender también significa equivocarse
A partir de esta publicación, Milena fue invitada al programa radial Bienestar Clave, donde profundizó en los desafíos que supone la incorporación de la inteligencia artificial y de las nuevas tecnologías en la educación. ( Escuchar programa aquí)
Durante la conversación destacó que herramientas como la inteligencia artificial pueden constituir un importante aporte, pero que su incorporación en los colegios debe ser planificada y regulada, especialmente para resguardar procesos esenciales para el aprendizaje.
Equivocarse, volver a intentarlo, olvidar y hacer el esfuerzo por recordar, escribir a mano, conversar, debatir o formular una opinión propia son experiencias que permiten desarrollar habilidades y generar nuevas conexiones neuronales.
“Los estudiantes y los niños empiezan a formar su aprendizaje en el ensayo y en el error, en el descubrir y también en el manejo de sus emociones”, explicó.
Desde esta perspectiva, el desafío no consiste en apartar la tecnología de la educación, sino en aprender a utilizarla sin reemplazar aquellos procesos cognitivos y humanos que resultan fundamentales para el desarrollo de los estudiantes.
“También tenemos que hackear nuestras salas de clases”
Uno de los conceptos abordados durante la entrevista fue precisamente la necesidad de llevar los avances de la neurociencia a la experiencia cotidiana de aprendizaje.
“También tenemos que hackear nuestras salas de clases”, señaló la directora, haciendo referencia a la necesidad de generar estrategias y metodologías que favorezcan la estimulación cerebral y consideren la manera en que niños y jóvenes aprenden.
Esta mirada se relaciona directamente con el trabajo que desarrolla SJVA a través de metodologías activas, experiencias que favorecen el razonamiento, el uso de material didáctico, la participación y el desarrollo del pensamiento crítico.
“Las salas son diversas, las personas somos diversas”, explicó Milena, destacando también la importancia de acompañar a cada estudiante de acuerdo con sus capacidades, necesidades y procesos de aprendizaje.
Tecnología con propósito y espacios para encontrarnos
La conversación abordó además una decisión que forma parte de la vida cotidiana del colegio: los celulares no se utilizan durante las clases ni en los recreos, excepto cuando son requeridos para una actividad pedagógica específica.
Según explicó la directora, esta medida ha permitido recuperar espacios fundamentales de convivencia. En los recreos hay mayor oportunidad para conversar, jugar, interactuar y construir vínculos, experiencias que también forman parte del aprendizaje y de la construcción de comunidad.
A ello se suma otro de los pilares que SJVA busca potenciar: el deporte y la actividad física, tanto por sus beneficios para el desarrollo integral como por habilidades asociadas a la concentración, la perseverancia y el cumplimiento de metas.
Educar sin perder la humanidad
La entrevista permitió abordar también el rol de las familias, la capacitación permanente de los profesores, el descanso y el sueño, las emociones, la curiosidad y el análisis de datos como herramientas para tomar mejores decisiones educativas.
Pero hacia el final de la conversación, Milena puso el acento en un aspecto que trasciende metodologías y tecnologías: la confianza en las posibilidades de cada estudiante.
“No perder la esperanza en ninguno de nuestros estudiantes. Tenemos algunos que tienen procesos más difíciles de crecimiento y desarrollo, o más lentos, pero todos son capaces”.
A ello agregó un segundo desafío: “no perder la humanidad dentro de las comunidades educativas”, fortaleciendo el diálogo, los vínculos y la disposición de quienes educan a continuar aprendiendo y perfeccionándose.
Una reflexión especialmente pertinente en tiempos de inteligencia artificial: incorporar las posibilidades que ofrece la tecnología, pero manteniendo en el centro aquello que ninguna herramienta puede reemplazar: el encuentro, la curiosidad, el pensamiento crítico y la relación humana que hace posible aprender.

